martes, 26 de julio de 2011

La liberación del amor


Los Amantes (The Lovers, 1952)

Philip José Farmer

Traducción de Sebastián Nusta.

Acervo, Barcelona, 1982.


Al enfrentarse a los clásicos del género tanto se puede uno encontrar obras elogiadas hasta una sobrevalorización, cuya lectura actual permite atisbar lo desfasadas que se encuentran, como también se puede encontrar el punto contrario, obras cuya lectura actual continúe deleitando de igual manera al momento en que fueron escritas. La lástima reside en que a veces este segundo grupo de obras ha tendido a caer más en el olvido frente a los best-sellers que componen el primero. En este caso la sorpresa la he encontrado con Los amantes (The Lovers, 1952), de Philip José Farmer.


En Los amantes, Farmer nos presenta una sociedad futura distópica surgida de una terrible guerra bactereológica que ha exterminado a casi toda la humanidad a excepción de unos pocos grupos étnicos que han conformado tres grandes estados: la unión Haijac, conformada principalmente por hawaianos e islandeses; las repúblicas israelíes; y la federación malaya. El primero de los tres, en el que vive el protagonista, Hal Yarrow, es un estado teocrático totalitario (el Inglestado), todavía más creíble hoy que cuando fue escrito: estricta moral, control férreo, anulación de las libertades, educación cerrada en busca de una fidelidad absoluta al Inglestado, etc.


Por si fuera poco, este mundo está tan superpoblado que la población vive dividida en dos regímenes diurnos de 12 horas, de tal manera que media población trabaja mientras la otra media duerme. Por esta razón -la búsqueda de nuevos espacios y nuevos recursos-, el gobierno mantiene encubierto un programa de colonización de nuevos planetas, para extender por la fuerza los valores teocráticos del Inglestado. Hal Yarrow, un inadaptado en el mundo del Inglestado, se embarca en uno de nave colonizadora por su cualidad técnica de atón, es decir, un generalista que conoce un poco de varios ámbitos científicos sin ser especialista en ninguno. En la nueva sociedad alienígena artrópoda que puebla el planeta al que arriban, Yarrow irá descubriendo un mundo nuevo, libre, diferente, que le abrirá nuevas posibilidades, lo que llevaba buscando en la vida, la faceta que el Inglestado pretendía extirparle y que en el nuevo planeta se desarrolla.


Sin embargo, Hal Yarrow es un mediocre lingüista, por tanto, no comprende el prototipo de héroe, y vivirá su despertar a un nuevo mundo gracias a la amistad con el insecto Fobo y el amor que descubre en la extraterrestre de formas homínidas Jeannette. Ádemás, en la profesión de Yarrow se puede deducir una crítica a la especialización extrema donde las ámbitos científicos se convierten en ínsulas independientes o departamentos estanco donde surge la necesidad de generalistas capaces de traducir la información de un campo científico a otro.


La trama se estructura como un tríptico. En la primera parte se nos presenta la vida de Hal Yarrow en la Tierra, atormentado bajo el control del Inglestado, inserto en una sociedad en la que no consigue adaptarse y con un matrimonio abocado al fracaso. Debo destacar de esta parte de la obra la dura discusión matrimonial entre Yarrow y su esposa, Mary, que culmina con una relación amorosa carnal, vacía, realizada por la rutina que establecen los preceptos de la sociedad religiosa que les domina. La crudeza con la que el narrador revela la relación entre estos dos personajes, sumida en un odio mutuo encubierto en un amor fingido que les ha impuesto la sociedad, me resultó impresionante.


La segunda comprende el enfrentamiento entre la rebeldía creciente de Yarrow frente al control cada vez más estricto de su mentor espiritual, Pornsen, y que finaliza con la muerte del segundo, conocedor de la verdadera identidad de Yarrow y su desvío moral de las normas establecidas por Sigmen, el profeta de la religión del Inglestado. Dicho enfrentamiento no podía terminar de otra manera, para asistir al despertar de Hal, éste debía librarse de los brazos del Inglestado, representado por el mentor Pornsen.


La tercera es la que desarrolla a mistad de Hal con Fobo y el idilio romántico entre Yarrow, cada vez más libre de prejuicios, y la alienígena Jeannette, idilio que acaba en tragedia y con la revelación de todos los enigmas de la trama. El personaje de Yarrow ha conseguido su plena identidad y recibe toda la información nueva como un jarro de agua fría, pero el nuevo modelo de amor que ha conocido le parece tan puro que se ve incapaz de sentir repugnancia por haber estado con un insecto parasitario con cuerpo antropomórfico. Todo lo contrario, la sigue amando y así lo demuestra en su parlamento final: “¡Jeannette! ¡Jeannette! Si sólo me hubieras amado lo suficiente para decirme...” (227).


Se desprende en la obra un crítica al peligro que pueden suponer las religiones al controlar una sociedad y conducir un estado hacia el fanatismo religioso. En esta distopía de Farmer no existe diferencia entre religión y estado, pero, más que eso, la religión, con su profeta Sigmen, ha generado unos rígidos preceptos morales que oprimen la libertad y la naturaleza humana, e incluso su visión hacia el futuro, pues pretenden imponer el porvenir como una línea temporal fija e indiscutible, no como un sendero impredecible y enigmático.


La hipocresía moral de las religiones tan bien plasmada por Farmer en esta obra no ha perdido fuerza en nuestros días, pero curiosamente es el extraterrestre Fobo, en conversaciones de Yarrow, qien le discute los errores de los preceptos religiosos del Inglestado y quien le enseña que el hombre no tiene por qué regirse con un modelo moral prefijado, sino que puede elegir puesto que existen otros modelos de vida. Por esta razón, me sorprendió en la novela que son los humanos, con esa sociedad fanática, los que encierran en sí mismos la visión negativa de la humanidad, mientras que unos extraterrestres artrópodos, menos evolucionados tecnológicamente, representan las virtudes de la naturaleza humana.


Por otro lado, también merece la pena destacar el ejercicio prospectivo de ámbito biológico realizado por el autor. Farmer desarrolla un mundo alienígena con dos continenetes, uno donde la especie evolutiva dominante fueron los homínidos y en el otro los insectos, y cómo tras varios conflictos son los segundos los que se impusieron y exterminaron a los primeros. Pero no detiene ahí la especulación biológica, puesto que describe la sociedad de los insectos y sus diferentes posibilidades de evolución, incluido el formidable caso de parasitismo que representa la especie de Jeannette.


En conclusión, el escritor estadounidense Philip José Farmer consigue en Los amantes una mezcolanza interesante de tópicos clásicos del género (como la sociedad alienígena insectoide) junto a una visión y un tratamiento innovador (donde destaco el tratamiento que se le da a la relación matrimonial de Yarrow en la Tierra).


[Imagenes de:

http://clubdecatadores.files.wordpress.com/2011/04/philip-jose-farmer2.jpg

http://4.bp.blogspot.com/_ZvCGSCjzY_A/Sap47ZC6VOI/AAAAAAAARgQ/VrOLf4xP2HE/s1600-h/losamantes.jpg ]



martes, 21 de junio de 2011

TENSIÓN, COMPRENSIÓN Y COMIENZA LA DEMOLICIÓN

Bester, Alfred (1953)

El hombre demolido (The Demolished Man)

Traducción de Manuel Figueroa

Minotauro, Barcelona, 2003.


Muchas veces se critican las obras denominadas híbridos, a pesar de que vivimos en una época donde la originalidad reside en el hibridismo, y en verdad muchos híbridos son criticables y no consiguen una armonía entre los elementos que ponen en juego. Éste no es el caso, Alfred Bester consiguió con su primera novela una lograda fusión entre la ciencia ficción y el género policíaco.


En un mundo futurista, un demenciado empresario, Ben Reich, ávido de poder, decide asesinar al magnante dirigente de la compañía que compite con la suya, Craye D'Courtney. El problema reside en que en ese futuro una pequeño porcentaje de la población posee percepción extrasensorial, o ESP (según siglas inglesas), por lo que son llamados “ésper”.


No se puede esconder un crimen a los telépatas, así que la novela no se centra en la intriga por desenmascarar al crimen, como un juego mental al estilo de la novela policíaca clásica como las de Agatha cristie o Arthur Conan Doyle. El hombre demolido se constituye como el enfrentamiento de la fuerte personalidad de sus dos protagonistas, el magnate megalómano Ben Reich, que en los momentos de mayor demencia acaba por deificarse a sí mismo, y el prefecto de policía, el ésper Lincoln Powell, obsesionado por cazar al asesino, por incriminar a Reich. Son personalidad obsesivas, que se enfrentan en objetivos contrarios: uno el acto del crimen, y el otro la salvaguardia del crimen. Así lo declara Santiago L. Moreno:


En este auténtico thriller de ciencia-ficción lo importante no es el imposible crimen, que conocemos desde el principio, sino la lucha entre dos personas obsesionadas con sus respectivos papeles; policía y asesino, perseguidor y perseguido. Dos compulsiones diferentes pero complementarias; un hombre acosado por su propio fantasma, con el más depravado de los crímenes en mente, y otro, consciente de su imperfección interior, al que la persecución del criminal ofrece el acto definitivo de autoafirmación” [En: http://www.bibliopolis.org/resenas/rese0003.htm].


En esta introspección de los personajes, presentada por encima de innovaciones tecnológicas, se puede observar como Bester antepone el estudio de los efectos al hecho en sí, es decir, se centra más en los personajes que en la tecnología. Hablamos de un mundo futurista con telépatas, en el que Bester no se centra en el uso de la tecnología para atrapar al asesino, sino en un duelo mental, una batalla entre las personalidades de Reich y Powell, entre asesino y policía. Además, la telepatía se convierte en un herramienta de la que el autor se sirve para especular la estructuración posible en un mundo de telépatas, el cual es plasmado en la novela como una grupo elitista y cerrado. Con este detalle, Alfred Bester parece anticiparse a muchas de las propuestas de la New Wave.


Pero no sólo en este aspecto, pues este autor estadounidense, por medio del recurso de la telepatía, se permite una innovación tipográfica para representar el modelo comunicativo de los ésper, lo que se junta a premisas del psicoanálisis, como la canción que se introduce Reich en la cabeza para evitar que los ésper descubran sus intenciones -y que da título a este artículo-. E incluso una destacada carga onírica, especialmente en el personaje de Reich y sus pesadillas obsesivas sobre el hombre sin cara.


De este modo, y como señala Sergio Gaut Vel Hartman, en todo momento...


“...estamos presenciando el funcionamiento de la máquina más tortuosa del universo: la mente humana. Y el autor no es ajeno al proceso, ya que se demora todo lo que cree necesario para indagar en los laberínticos pensamientos del criminal. Sabemos qué trata de hacer desde un principio, pero las motivaciones son una incógnita para el lector, para los demás personajes de la novela... y hasta para él mismo. Tal vez el final, sobreexplicado, no esté a la altura del resto del libro. Bester no logró eludir ciertos clichés freudianos que no dominaba por completo, aunque sirvieran para encandilar a los lectores menos informados. No obstante, esta falla no es un lastre importante y el libro se lee con placer como si hubiera sido escrito recientemente y no hace más de cincuenta años” [En http://es.shvoong.com/books/science-fiction/112077-el-hombre-demolido/]


En conclusión, Alfred Bester introdujo en la CF cierta irreverencia, junto a una carga idealista basada en una filantropía (la mente del hombre malvado puede ser sanada, como sucede con Ben Reich) y una más que destacable voluntad de experimentación, aunque sin desviarse jamás de una vigorosa línea narrativa. Esta novela, junto con Las estrellas, mi destino (1956), hicieron de Alfred Bester un maestro desde la lejana década de los 50.

jueves, 26 de mayo de 2011

Erase una vez... un mundo andrógino

Reseña de La Mano izquierda de la oscuridad


Le Guin, Ursula K. (1969), La mano izquierda de la oscuridad (The Left Hand of Darkness), en Ursula K Le Guin, Los Mundos de Ursula K. Le Guin: Los desposeídos, El nombre del mundo es bosque, La Mano izquierda de la oscuridad. Traducción de Francisco Abelenda para La mano izquierda de la oscuridad. Minotauro, Barcelona, 2008. Pp. 575-872.


Desde luego, me resulta difícil hablar de una obra y de una autora tan elogiada. Ursula Le Guin es una pluma en el género aclamada por unanimidad entre los aficionados, y La mano izquierda de la oscuridad, una de sus mejores creaciones, galardonada con el premio Nebula (1969) y Hugo (1970), y parte del llamado Ciclo Hainish o Ekumen.


Su argumento es conocido, y la extrapolación de índole antropológica que presenta igual: un diplomático humano, representante de una federación de mundos, el Ekumen, llega al planeta Gueden (también llamado Invierno) para firmar un acuerdo de comercio con sus habitantes nativos, antropodoides andróginos.


“Lo había intentado varias veces, pero mis esfuerzos concluían en un modo de mirar demasiado deliberado: un guedeniano me parecía entonces primero un hombre, y luego una mujer, y les asignaba así categorías del todo irrelevantes para ellos, y para mí fundamentales” (589).


La naturaleza ambisexual es al que ofrece mayor riqueza a la novela. Los ojos del protagonista, como extranjero, outsider, valen de puente entre nuestra realidad y el planeta fantástico ingeniado por Le Guin. A través de los ojos de Genly (Genry) Ai, podemos analizar nuestros prejuicios y las limitaciones de nuestro conocimiento como humanos ante lo incomprensible, lo ininteligible: los guedenianos y su forma de ser pausada, reflexiva, forjada en el frío de Gueden.


Sorprende también en la historia la forma que adquiere de diario personal, y la alternancia de voces, pues a parte de Ai, otro narrador importante será Estraven, detalle que se especifica en la introducción de la novela. Por lo tanto, muchos pasajes serán relatados por ambos desde el punto de vista de cada uno, lo que enriquece con una visión multiperspectivística la trama de la novela. En este cambio de narrador, encontramos la explicación del ciclo sexual de los guedenianos en el capítulo séptimo, titulado de por sí La cuestión del sexo, donde se cede el terreno a una nueva voz, la de la antropóloga Ong Tot Oppong, quien expone el asunto en forma de tratado.


Todo ello lo sazona la autora con un enriquecimiento del planeta Gueden: dos grandes naciones enfrentadas en una tensión constante e irresoluta, con una monarquía sustentada en un valido, Karhide, frente a un mundo altamente burocratizado, Orgoreyn; un clima inhóspito, duro, lleno de regiones heladas; un trama política extrañamente compleja desde nuestra óptica, pero coherente en sí misma, etc.


Pero más destacadas resultan las pequeñas historias, entre leyendas y mitos de Gueden, incrustadas en la trama, como En el corazón de al tormenta (capítulo segundo), o Estraven el traidor (capítulo 9). Para mi gusto, el más interesante de los mismos es el que constituye el capítulo 12, Del tiempo y de la oscuridad:


“Meshe es el centro del tiempo. El momento en que lo vio todo claramente llegó a él cuando había vivido treinta años en la tierra, y luego de ese momento vivió otros treinta años en la tierra, de modo que la visión ocurrió en el centro de su vida. Y todas las edades anteriores a la visión fueron tantas como serán después de la visión, que ocurrió en el centro del tiempo. Y en el centro no hay tiempo pasado ni tiempo por venir. No ha sido ni está por venir. Es todo. Nada queda oculto” (734).


La autora parte de la presentación de una especie andrógina que ignore desigualdades de sexo, y con ello plantea un mundo donde las tensiones entre naciones no se resuelven mediante el conflicto bélico, al quedar eliminada la antinomia de los dos sexos. He aquí la reflexión sobre la naturaleza humana, el elemento especulativo de la autora, los resultados de su hipótesis puesta a prueba. Todo un trabajo prospectivo. Por todos los elementos aquí esgrimidos, y muchos otros que se podrían mencionar, La mano izquierda de la oscuridad es uno de los clásicos del género, recomendable a cualquier lector.


[Foto tomada de: http://www.papelenblanco.com/fantastico-ci-fi/la-mano-izquierda-de-la-oscuridad-de-ursula-k-le-guin]

lunes, 25 de abril de 2011

Automovilismo y pornografía


Cuando uno tiene costumbre de leer una ciencia ficción más clásica, enfrentarse a la lectura de una obra como Crash (1973), del británico James Graham Ballard, resulta una tarea chocante y una sorpresa continua. Tras terminar la obra, uno se queda reflexionando sobre la misma, y sobre su extraño vínculo con el género.

Ya en la introducción Ballard escribe:

“A lo largo de Crash he tratado el automóvil no sólo como una metáfora sexual sino también como una metáfora total de la vida del hombre en la sociedad contemporánea. En este sentido, la novela tiene una intención política completamente separada del contenido sexual, pero aún así prefiero pensar que Crash es la primera novela pornográfica basada en la tecnología. En cierto sentido, la pornografía es la forma narrativa más interesante políticamente, pues muestra cómo nos manipulamos y explotamos los unos a los otros de la manera más compulsiva y despiadada” (12)


Y no miente, Crash es una mezcla de pornografía y automovilismo, una parafilia que incluye colisiones de tráfico, una excitación sexual emulsionada en la adrenalina de una muerte buscada. Todos los personajes de la novela, de una u otra forma hastiados de la rutina de una vida predecible, se obsesionan por dar realidad a todas las fantasías sexuales que se les ocurren, sean lo depravadas que sean.

Son representantes de una marginalidad carente de valores: prostitutas, infidelidad declarada bisexualidad, etc. Así, en la novela se busca una ruptura absoluta de tabús y se analiza el sexo como algo no ya sólo cosificado a un coche (objeto material), sino a actos fisiológicos, donde el único sentimiento es el placer, ausente de cualquier espiritualidad, lo que desvirtualiza el acto sexalidad, y lo convierte en mera pornografía, simplemente, un medio eudemonista (el placer por el placer).

Lo curioso de la novela, además de su discurso en fashback, y su comienzo in extrema res, es su modelo posmoderno, fuertemente introvertido, repleto de un lenguaje que busca la belleza en la escatología, de unas descripciones sumamente detalladas, recreándose en mostrar los aspectos más depravados de cada escena, en especial de los accidentes de tráfico, y la permanente mezcla de un léxico proveniente del ámbito del sexo con otro del automovilístico.

Aún así, más raro, si se compara con otras obras del género, resulta que el protagonista sea homónimo del autor, lo que confunde al personaje con la voz narradora y con el propio Ballard, el real de nuestra realidad. A ello se le junta el tiempo ¿Cuándo transcurre la novela? El mundo ficcional parece nuestro presente en todos los ámbitos, incluso hay mención de muchos famosos de la época en que se escribió la novela, especialmente de Elizabeth Taylor. La sociedad descrita, en ese espacio reducido del Londres próximo al aeropuerto, se asemeja en gran parte a la nuestra.

¿Acaso sus protagonistas son predecesores de una posible enfermedad social que se está extendiendo, y que mezcla el gusto por el coche con el placer sexual? Es más, si no fuese por la introducción, a mi me costaría incluir la obra dentro de la ciencia ficción? Considera que la especulación o prospección que realiza Ballard en su obra, no le lleva a recrearla en una sociedad futura distópica donde las enfermedad de los protagonistas sea una muestra de un síndrome patológico general que afecta a todos los individuos, sino que nos lo muestra sólo a través de unos pocos personajes, que si representan algo, son avisos de una sociedad que enferma, la del neoliberalismo, la de la clase social adinerada, que no encuentra sentido a su vida, que pierde todo tipos de valores y principios sociales, y se ahoga en prácticas extremas ausentes de ética.


Entretanto, el tránsito se mueve en un flujo incesante a lo largo del paso elevado. Los aviones despegan de las pistas del aeropuerto, llevando los restos de semen de Vaughan hacia los tableros y radiadores de un millar de coches aplastados, las piernas torcidas de un millón de pasajeros [215].


Así concluye la novela, con una mención extensiva, divulgativa, del mensaje de Vaugham, el mensaje del mártir que se suicida por la causa. Son palabras que parecer presagiar un advenimiento fáustico, un mundo donde los accidentes de tráfico se mezclan con pulsiones sexuales. En ese sentido, Crash sí se puede considerar un aviso para caminantes, ergo, sí, se puede considerar prospectivo.



[Fotos tomadas de: http://www.bonitoviaje.com/2009/08 y http://atrocityexhibitionfanzine.blogspot.com/2010/04/crash-de-ballard-mi-libro-de-sant-jordi.html]

jueves, 24 de marzo de 2011

Una guía de supervivencia ante los vampiros


Richard Matheson (1954)

Soy Leyenda (I am legend)

Traducción de Manuel Figeroa

Minotauro, Barcelona, 2009.


Se les llaman clásicos de la CF, y alguno ya se lee avejentado, pero otros, aunque la fecha del futuro que quedó registrada en su momento de escritura haya pasado, su lectura y su carácter especulativo continúa vivo. Tal es el caso de Soy Leyenda, (I am Legend, 1954), de Richard Matheson, un escritor también muy vinculado con el género de terror. Sin duda, de vez en cuando conviene recordar por qué a uno le entusiasma tanto este género.


Infinitas veces se ha señalado de esta obra el hecho de que su autor cogiese un mito propio de la literatura fantástica y lo introdujese en un mundo fantacientífico para otorgarle, así, un valor nuevo. Efectivamente, se produce en la obra una ruptura con la clásica visión del vampiro que había generado, desde la obra de Sotker, toda una serie de literatura, la vampírica. Aquí el vampiro deja de ser ese ente simbolizador de la inmortalidad y los deseos sexuales insatisfechos para convertirse en el nuevo eslabón de la humanidad, una humanidad mutada, nueva, que brota de las cenizas de la anterior.


Por ello, y como debe ser obvio en la CF, para desligar a la figura del vampiro de su carácter sobrenatural, tiene que aparecer por el género mediante el filtro de la explicación lógica. Así, la novela contiene varios pasajes donde el protagonista, Robert Neville, va investigando la causa de la mutación de la humanidad en vampiros. Se aplica la ciencia al suceso fantástico para dotar de cognición a lo sobrenatural.

“Destilado de Allium estivum, un género de liliáceas que comprende el ajo, el puerro, la cebolla, el cebollino. Es decolor pálido y olor penetrante, y contiene varios sulfuros. Composición de agua, 64,6%; proteína, 6,8%; grasa, 0,1%;, hidratos de carbono, 26,3%; fibra, 0,8%; ceniza, 1,4%” (60).


Pero no es ésta la única alabanza que se puede realizar a esta novela. Su autor ha conseguido un conjunto de elementos bien ensamblados y una exposición narrativa de gran calidad y amena, donde domina ese ambiente de soledad del protagonista. A través de Robert Neville descubrimos su supervivencia obstinada en un mundo plagado de vampiros que asedian su casa cada noche: sus técnicas de defensa y abastecimiento, sus formas de matar el tiempo, sus despresiones, sus borracheras, su música, sus recuerdos...


Sí, recuerdos, porque a diferencia de muchas obras, Matheson presenta la genialidad de reconstruir los antecedentes que han llevado a la situación que inicia la novela mediante unas pocas evocaciones de Neville, escenas sueltas, pero suficientes para que el lector comprenda lo sucedido:


  • Neville

    cuidando de su familia, con su mujer, Virginia, ya enferma, infectada, mientras sigue trabajando, con su compañero Ben Cortman.

  • La muerte de su hija, Kathy, y como se la llevan de sus manos para arrojar su cadáver al “pozo de fuego”, como dictaba una ley hecha como prevención sanitaria.

  • Cuando entierra a escondidas el cuerpo de su mujer en un solar abandonado, inclumpliendo la ley.


Son escenas concretas y de gran carga emotiva que van trasluciendo también los traumas de Neville, los fantasmas de su recuerdo, más poderosos aún que los que acechan cada noche en su puerta, esos vampiros liderados por el mutado Ben Cortman, quien siempre le insta a salir del domicilio.

A ello se le unen nuevos pasajes, sucedidos en ese mundo de vampiros, como la mujer que Neville saca a la calle para que la derrita el sol, o el perro que tantos esfuerzos realiza para domesticarlo y finalmente, se muere. Neville va degenerando en una frustración y soledad cada vez más honda, más enloquecedora, como un ermitaño. Sus cualidades sociales se merman, y de ello la narración ofrece atisbos, como cuando se asombra de oír su propia voz después de tanto tiempo al interrogara un vampiro que ha hecho prisionero (63), o cuando descubre a una persona andando a la luz del día, y con buenas atenciones, termina por atacarla y llevarla a la fuerza a su casa.


Éste es ya el último pasaje, el de la joven Ruth, la primera compañía que encuentra Neville y que finalmente resulta ser una espía de sociedad vampírica que querían estudiar a Neville, vestigio del viejo orden, una leyenda. Y hacia la desaparición absoluta de un mundo caduco en el surgimiento de uno nuevo camina la novela hacia su fin, cuando Neville descubre esa verdad, que él representa lo obsoleto, lo acabado, y por ello es una leyenda.


[Fotos tomadas de:

http://www.vootar.com/Libros/Ciencia-ficcion?pagina=3

http://lamiradadeariodante.blogspot.com/2010/04/soy-leyenda-richard-matheson.html]

miércoles, 16 de febrero de 2011

Ciegos vs plantas

EL DÍA DE LOS TRÍFIDOS

John Wyndham
Minotauro-Edhasa, Barcelona, 1977.

El inglés John Wyndham legó al género una de las consideradas obras clásicas, justamente la que aquí nos ocupa: El día de los trífidos (The Day of the Trifids, 1951). La novela se presenta organizada en dos ideas: la ceguera universal, que se especula como consecuencia de armas secretas ocultas en satélites; y los trífidos, plantas con capacidad de movimiento y de lanzamiento de dardos altamente venenosos. Ello lleva a la mezcla del horror y la ciencia ficción que caracteriza a este escritor, como también se observa en Los cuclillos de Midwich (The Midwich Cuckoos, 1957) o El Kraken acecha (The Kraken Wakes, 1953).


La estructura de la obra es muy sencilla. Empieza con el protagonista en el hospital, recuperándose de una cirugía ocular, cuando descubre que no hay nadie allí y que todo el mundo está ciego. Entonces aparece una analepsis o vuelta atrás donde el protagonista nos relata los precedentes de su vida, así como el surgimiento y proliferación de los trífidos, creados por experimentación humana y cultivados por todo el planeta. Una vez puesto en antecedentes el lector sobre el mundo ficcional, el resto de la novela se constituye en las desventuras de Bill Masen por este mundo posapocalíptico, sus relaciones con otros supervivientes que va encontrando y sus pugnas con los inexterminables trífidos, hasta que al final se une a la comunidad que más posibilidades tiene, según su punto de vista, de sobrevivir en el futuro aciago que se avecina.


Los personajes resultan arquetípicos, y destaca una inocencia sublime en la mayoría de los supervivientes. El protagonista, Bill Masen, es el prototipo de héroe, bondadoso, atento, sacrificado, que pronto se une a un modelo femenino, Josella Payton, representativo de valores tradicionales, cuya mayor rebeldía fue escribir un libro de escandaloso título, pero de banal contenido. El resto de personajes se van alineando con ellos y lo único en lo que difieren es en la presentación de métodos para subsistir al caos y derrumbe de la civilización en el que están inmersos. Esa actitud benevolente se observa en detalles, como, por ejemplo, la obcecación en hacer sobrevivir a la máxima cantidad de ciegos posible.


Pocos personajes, muchos de ellos simple ambientación de fondo en la narración, representan la otra faceta humana, más oscura, más preocupada por la propia supervivencia sobre los demás, competidores con él en un mundo cada vez más escaso de recursos. Entre ellos destaca el pelirrojo, el señor Torrence. Pero en general me sorprende al facilidad con que la gente se asocia nuevamente en pequeños grupos para aumentar así sus posibilidades su subsistencia. Sin duda, ello se relaciona con las múltiples reflexiones que realiza Masen sobre la naturaleza gregaria del ser humano, pero tras ello enseña Wyndham una visión muy benevolente del ser humano, representada por los valores de justicia, solidaridad y dedicación a los demás que encarna el protagonista.


Por otra parte, el modelo de terror y de CF de Wyndham choca al plantear un mundo apocalíptico con una ceguera como plaga mundial y unas plantas móviles como enemigo letal. Ambos aspectos parecen mover la obra más hacia el lado de la parodia, lo que se contradice con el aspecto serio que el autor otorga a la narración.


Me pareció curioso que tanto la ceguera como los trífidos los usara el autor como pretextos para reflexionar sobre la naturaleza gregaria del ser humano y sobre los sistemas sociales: la ideología que los sostiene, los intentos de trasvasar esa ideología a la práctica y si consiguen o no adecuarla a las circunstancias. De esta forma la soledad aparece como un desamaparo, desangelo, desesperanza en el personaje. Bill Masen se abate en los fragmentos en que pasea en soledad por los restos de la civilización.


Respecto a los sistemas sociales, se observa que el protagonista no se decanta por ninguno en especial, a todos pone pegas, o indica sus imperfecciones o defectos. Además, analiza, especialmente, sus implicaciones dadas las circunstancias apocalípticas que rodean a las pequeñas sociedades supervivientes. Ni sistemas totalitarios como el del pelirrojo, el señor Torrence, ni con base religiosa basada en la solidaridad, como el de la señorita Durrant, ni siquiera el que emigra a la isla de With, el grupo de Michael Beadley, son utópicos en el sentido de la palabra, pero es el último el que se presenta con mayor sentido común a Bill Masen por ser el que más posibilidades tiene de afrontar el futuro que les espera, de una progresiva barbarie según vaya desapareciendo o inutilizándose la tecnología.

viernes, 7 de enero de 2011

La fantasía de Bradbury

BRADBURY, Ray

Fábulas fantásticos

Colección de El Mundo, Las novelas del verano

Unidad Editorial, Madrid, 1998.


Fue un regalo de los Reyes Magos que apareció en una librería de antiguo en algún lugar indeterminado que nunca me dijeron. Tarde en decantarme por su lectura, pero haberla realizado y regozar con la prosa lírica de Bradbury tiene su recompensa. La presente edición recoge las siguientes narraciones de este escritor estadounidense: El siguiente de la fila, Esqueleto, El peatón, El gran incendio, Las doradas manzanas del sol, tomados de las colecciones originales The October County y The Golden Apples of the Sun. A continuación, los expongo en cada caso particular, de menor a mayor relación con el género.


El gran incendio nos presenta a una familia preocupada por una niña, la única que posee nombre propio, Marianne, dado que los demás se llaman por las relaciones de parentesco, papá, mamá y la abuela. Y, para más inri, no es Marianne una hija, sino una sobrina.

En el relato los padres, molestos de la convivencia con la joven, que usa la casa como hostal (dormir y comer) esperan ansiosos que su pretendiente le pida a Marianne la mano en matrimonio y así termine alguna frustración personal que sugiere la narración que había tenido la niña y que la había abocado a vivir con sus tíos. Pero sus esperanzas se frustran al observar la abuela que el supuesto pretendiente no es un hombre, sino muchos, y que Marianne está saliendo con muchos jóvenes para aumentar así su autoestima. El relato termina con la aceptación de la carga que les supone Marianne.


El siguiente de la fila es la narración más extensa de la presente colección, que nos muestra a un matrimonio estadounidense de turismo en un pequeño pueblo mexicano. Curiosamente, Joseph y Marie, son dos visiones opuestas de la muerte, concepto sobre el que se fundamentan los rituales del pueblo. Joseph se siente atraído por la muerte y tiene deseos de visitar las momias del cementerio, que son cadáveres desenterrados cuyo rigor mortis desvela una parte de su antigua vida. Marie, por contra, es la superstición y el miedo, el aislamiento de una cultura que no comprende y un idioma que desconoce. Su estancia en el pueblo irá alejando al matrimonio más a más. La narración nos va mostrando a una Marie cada vez más enfermiza, más obsesionada, hasta que al final se tumba en la cama boca arriba y no contesta a las insinuaciones de su marido sobre que ella será otra momia más del cementerio. Así llegamos al párrafo final, donde aparece Joseph conduciendo su coche por el desierto mexicano, solo, y a veces mira el asiento vacío a su lado. Sólo un detalle nos desvela lo sucedido, “en el brazo izquierdo llevaba una cinta de seda negra” (47).


Esqueleto es más fantástico, digamos. Aquí el protagonista es un hombre a quien le duelen los huesos y en una visita al médico, comienza a obsesioanrse con la idea de que en su interior hay un esqueleto. Tanto es así que se enfada pues lo considera un parásito de su fisionomía y desea librarse de él. La obsesión llega a un punto que llama a un misterioso médico, M. Munigant. Cuando su mujer llega a casa, se puso a gritar, pues “muchas veces, en la niñez, Clarisse había corrido por las arenas de la playa, y había pisado una medusa de mar, y había chillado entonces. No es tan horrible encontrar una medusa de mar gelatinosa en tu propio vestíbulo. Puedes dar un paso atrás. / Es terrible cuando la medusa te llama por tu nombre...” (70) [en cursiva en el original].


Sí son propiamente de CF los dos que restan. El primero, El peatón, es una breve y bonita distopía donde el protagonista, Leonard Mead, pasea entre las calles frías y oscuras de una ciudad fantasma en 2052. Nos va relatando en sus reflexiones cómo la gente ya no sale fuera, se queda en sus casas absorvida por la televisión y que ya no leen, por lo que cuya profesión, escritor, ha dejado de existir. Es un individuo resistente al cambio, el bastión de un mundo pasado y terminado. Así que cuando le encuentra la policía, no entiende sus razones, le toman por un loco inadaptado y se lo llevan en el coche patrulla. Y ese fue el último sonido que se oyó en las calles de la ciudad.


Por otra parte, más lírico aún y simbólico, tenemos Las manzanas doradas del sol, donde una expedición se adentra en nuestra estrella para robar un pedacito de la misma y usarla como pila energética en la Tierra. Encontramos citas poéticas sobre el sol y su función, juegos entre calor y frío, entre la oscuridad del espacio y la luminosidad ardiente del astro... Un pequeña joyita en esta colección.


Este libro aparece así como un entremés de este controvertido escritor estadounidense que ha regalado obras de muy diversa calidad literaria, y que ha sido vinculado y desvinculado con la CF en numerosas ocasiones. Desde mi perspectiva, disfruto con el tono lírico, cercano a la poesía, es sus narraciones, y su estilo sencillo, fácilmente legible, sus descripciones coloristas, diálogos de frases cortas, sintaxis poco encorsetada, etc. En conclusión, otra forma de descubrir a Bradbury fuera de sus obras cumbre como Farenheit 451 o Crónicas Marcianas.


[Foto tomada de: http://www.artesuniversales.com/category/ebooks-pdf-ray-bradbury-fabulas-fantasticas/]