sábado, 26 de septiembre de 2015

VISIÓN APOCALÍPTICA A LA VUELTA DE LA ESQUINA

Los últimos días (2013)
Dirección y guión: Àlex Pastor, David Pastor
Música: Fernando Velázquez
Fotografía: Daniel Aranyó
Productoras: Morena Films / Rebelión Terrestre / Antena 3 Films / Les Films du Lendemain
Reparto: Quim Gutiérrez, José Coronado, Marta Etura.


Tras la experiencia de Infectados (2009), los hermanos Àlex y David Pastor vuelven a recrear el apocalipsis del fin del mundo, pero esta vez optan por un escenario sumamente cercano al espectador español: Barcelona.  Los últimos días (2013) entra dentro de una tendencia fílmica marcada con la llegada del nuevo milenio donde se muestra la destrucción de nuestra civilización, pero, sin duda, la visión de la villa condal desolada produce un impacto mayor que las producciones de Hollywood. Verdaderamente hace pensar que el final de lo que conocemos queda a la vuelta de la esquina.

Las historias del fin del mundo constituyen uno de los clásicos subgéneros de la ciencia ficción. Aquí asistimos a la destrucción de la civilización que conocemos, que se degrada progresivamente en la película. Existe una enfermiza obsesión, especialmente en nuestro tiempo, por hacer caer una sociedad basada en tanta publicidad, en modelos de belleza inexistentes, en relaciones financieras basadas en la mera especulación, en objetivos sociales inalcanzables, en imposiciones competitivas sin meta fija, etc., que esconden un deseo de reiniciar el mundo (Moreno & Díaz, “Introducción”, en Historia y Antología de la ciencia ficción española. Madrid: Cátedra, 2015, pp. 42-43).

El motivo de la destrucción, brevemente esbozado en la película, no resulta relevante para lo que esta desarrolla. La mención a la epidemia de agorafobia provocada por algún virus mutagénico surgido, según se especula en un programa televisivo dentro del propio film, de una veta del subsuelo, queda como mero atrezo en la película, pues únicamente motiva el juego dramático del fin de lo que existe: el ser humano es incapaz de vivir en espacio abierto, debe refugiarse en el interior de los domicilios y solo puede moverse bajo tierra.

Por ese escenario se mueve la pareja protagonista. Tanto Marc (Quim Gutiérrez), como Enrique (José Coronado), son dos individuos enfrentados como superior y subalterno antes del fin del mundo, pero que ahora deben asociarse para cumplir sus metas respectivas. La asociación ante la adversidad va afianzándose, y con ello la humanidad de ambos personajes, aspecto que se contrapone a la degenración progresiva de la civilización humana, degradada al instinto de supervivencia: luchas fratricidas hacia la consecución de los escasos recursos disponibles.

La epopeya por el suburbano de los protagonistas se alterna, a base de recuerdos de Marc que actúan a modo de flashbacks, con el mundo anterior al desastre. Es gracias a estas analepsis como conocemos la vida anterior de estos dos protagonistas: Marc como informático, empleado en una gran empresa, con el perpetuo temor de ser despe­dido; Enrique como gestor de plantilla laboral, carente de escrúpulos para sobrellevar su trabajo. Se presenta a sí la cotidianidad preapocalíptica, tan depredadora e insensible como la que vive el espectador en su vida diaria, lo que nos hace considerar que el desastre se encuentra más cerca de lo que pensamos.

La alienación de las vivencias personales de Marc y Enrique previas al fin del mundo desaparecen para dar paso al heroísmo y a la virtud humana. Coronado se erigirá en mártir y en su muerte encontrará la paz y el compañerismo desconocidos en la vida previa, mientras que Marc superará sus miedos, sacando fuerza de flaqueza, sobreponiéndose a la adversidad, y encontrando a su novia, Julia (Marta Etura), para con ella formar la familia que fue incapaz de concebir en el mundo anterior.

El final, por tanto, es una ventana abierta a la esperanza y a la resurrección de la humanidad. Coincide, claramente, con el final feliz casi omnipresente en el cine, dado su carácter de empresa cultural de fines comerciales (grandes inversiones de dinero que deben rentabilizarse). No obstante, en este caso trasciende de ese sentido hacia una lectura determinada de la película: el deseo de que la humanidad vuelva a comenzar, de que dejemos atrás los defectos de este cruel mundo que nos toca vivir y empecemos uno nuevo, donde solo queden los personajes más fuertes y puros, dignos de construir otro mundo mejor.

Al margen de todo ello, como ya señalaba al principio, lo más espectacular de esta película apocalíptica reside en su ambientación en la Ciudad Condal. El filme contiene numerosas imágenes tan impactantes como la que se ha convertido en icónica de la cinta: el Arco del Triunfo bajo un cielo grisáceo por el que se pasea un reno, único signo de vida. Es una estética inspirada en el desastre de Chernobyl, según han argumentado sus responsables, pero la cercanía de los escenarios introduce el desastre en la misma vida del espectador español. ¿Quién no ha paseado nunca por esas calles de Barcelona? Por esa razón, tras ver la película, es imposible no pensar que en verdad el fin de lo que conocemos puede estar a la vuelta de la esquina. 



2 comentarios:

Enrique Hernandez dijo...

Buenos días, nos encantaría entrevistarte en nuestra web Universo la Maga y charlar sobre ciencia ficción y tu web. Escríbeme a kike@universolamaga.com :-)

Enrique Hernandez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.