martes, 18 de agosto de 2009

DE PIGMALION AL ROBOT (PARTE I)


Cuando los hermanos Capek escribieron la obra teatral R. U. R. (Robots Universales Rossum, 1920, estrenada en 1921), seguramente no creyeron que su imaginería generara toda una larga lista de obras en las que su creación, el robot (esclavo en checo), fuera el protagonista o el móvil de la trama.


Josef y Carel Capek deben ser interpretados en su contexto histórico: las vanguardias europeas de principios del siglo XX. En varias obras de la época es fácil percibir la influencia del mito griego de Pigmalión. En el caso de España, el mito se camufla más bien poco, como se observa en la lectura de El señor de Pigmalión (1921, estrenada dos años después en París y en Praga), de Jacinto Grau, donde se vale de muñecos manejados por un titiritero que se considera a sí mismo su Dios.

En este mito se recoge la historia de Pigmalión, un escultor obsesionado por crear una figura femenina perfecta de la cual termina por enamorarse. Afrodita, diosa del amor, se apiada del artista y da vida a la escultura. Pigmalión es la creación de la vida por las manos del hombre. Los hermanos Capek lo que hicieron fue tecnologizar el proceso, y para ello crearon el robot, una máquina que se aproximara al ser humano. De esta forma se insertaba correctamente en el ambiente de desarrollo tecnológico que se experimentaba a principios del siglo XX.

La historia del topoi fantacientífico del robot se relaciona, como han observado diversos investigadores, con las historias de creación de hombres artificiales a lo largo de la literatura universal, donde se encuentran las leyendas del Golem y el Homúnculo. Estos ofrecen otras perspectivas al robot, sin duda su autonomía y deseo de completarse y de mejora que le aleja de la función primordial por la cual el hombre le creo y le aproxima a su liberación personal y a su independencia y posterior superación del creador. Así va surgiendo el aspecto negativo de la máquina y la mirada desconfiada entre hombre y robot.

Pero la historia de Pigmalión, una de las tantas de la mitología griega, pilar básico que sustenta toda la ideología occidental, es la que se esconde en los autores de principios de siglo que trataron el tema, tal y como he señalado anteriormente. Por eso considero que el origen del robot reside en Pigmalión más que en el Golem o en las diversas huellas halladas acerca de muñecos autómatas desde la antigüedad.

Eso sí, resulta indudable que el robot se ha constituido como un elemento básico en la imaginería fantacientífica, tanto que no existe glosario de término de ciencia ficción que no lo recoja. Merece la pena realizar una pequeña revisión de diversos robots que pueblan novelas y filmes de CF para observar su evolución. Para lo cual realizaré una entrada particular, dividiendo el presente artículo en dos partes.

[Fotos provenientes de:
http://weblogs.clarin.com/antilogicas/archives/PygmalianGalatea.jpg
y http://minombre.es/victoriacaro/files/robot-y-mujer-ok1.jpg]

jueves, 2 de julio de 2009

ADIOS AL HOMO SAPIENS


Revisión de El fin de la Infancia, de Arthur C. Clarke



Todavía reciente su fallecimiento -afamada pluma nonagenaria-, Arthur C. Clarke nos ha legado un puñado de obras que no se rinden al olvido del tiempo. Este autor inglés, siempre al tanto de las innovaciones científicas, es conocido principalmente por la escritura del guión de 2001: una odisea en el espacio (2001: a space Odessy, 1968), gran obra maestra cinematográfica de Stanley Kubrick.


El fin de la infancia se puede situar en una etapa del autor en que se halla muy influido por la metafísica y la mística. Se muestra, en una imagen que ha influenciado muchas producciones del género, la llegada de naves alienígenas sobre las ciudades más importantes del planeta. Estos extraterrestres pretenden eliminar los desmanes del hombre y purificar la sociedad de vicios y corrupciones.


Al principio la estructura de la novela se me asemeja a los pequeños episodios englobados de la serie fundación de Asimov. La llegada de los superseñores (en inglés overlords), la reacción de los humanos, la investigación por descubrir su identidad, después sus planes, la convivencia entre humanos y alienígenas, etc. Con esos pequeños episodios va avanzando la trama principal, desarrollado por un protagonismo colectivo.


Primero se narra la exploración espacial, motivo por el cual llegan los superseñores a la Tierra. Después tenemos un par de historias centradas en el personaje del finés Stormgren –momento que aprovecho para criticar el exceso de americanismo en los gentilicios de la novela-, único contacto humano con los superseñores. El primer episodio el secuestro de este por una entidad antialienígena; el segundo por desvelar la identidad de los superseñores, aún ocultos a los humanos.


Después cambiamos de personajes. El misterio se centra en torno al lugar de origen de los superseñores y un personaje, Jan Rodricks, encuentra una forma de llegar allí, como polizón en la nave de los extraterrestres, igual que Jonás en la ballena. Este episodio se mezcla con una sesión de espiritismo donde conocemos las coordenadas del planeta de los superseñores.


Seguidamente se narra el proyecto de una colonia cultural en dos islas: Nueva Esparta y Nueva Atenas, emulando el proceso histórico ocurrido en la antigua Grecia en el siglo IV A. C. Pero aparece un cierto alo de misterio. No me malinterpreten. El misterio en torno a los superseñores está presente desde su llegada a la tierra, narrada en las primeras páginas. No obstante, el narrador va introduciendo sutilmente detalles que hacen pensar en un plan oculto de los nuevos amos del planeta. Los humanos especulan, pero yerran en sus previsiones.

La novela se nutre de fuerza dramática con el giro cercano al final en que se descubre la verdad. Se intercambian los papeles. Los superseñores son simples servidores de un ente más poderoso y los humanos, antes simples siervos, están destinados a trascender y formar parte de ese poderoso ente –clara herencia de Hacedor de Estrellas (Starmaker), de O. Stapledon, ya comentada en este blog-.


Clarke plantea que el progreso humano está limitado por el árbol de la ciencia. Un árbol que no puede crecer más allá de ciertas dimensiones. En El fin de la infancia plantea la evolución humana en la trascendencia más allá de la materia. Apoya su desarrollo en la oscuridad de la mente humana, precisamente el órgano humano más desconocido por la ciencia médica actual. Para Clarke aquí se encuentra el poder de los hombres, pues todos los velos de misterio erigidos se centraban en el esoterismo y la superchería, esos oscuros poderes de la mente human cuya creencia es materia de discusión todavía en los tiempos que corren.


Para ofrecer verosimilitud a este proceso evolutivo, no se explica el porqué, tan sólo se remite al enigma de la telepatía o poderes mentales paranormales. Los superseñores, enclaustrados en la materia, desconocen este misterio. Así que al lector no le queda mayor solución que creer en lo narrado. Más allá de la ciencia ficción se adentra en lo maravilloso, es decir, en un hecho insólito que carece de alguna explicación dentro de las leyes que rigen nuestra realidad. Pero sucede. La raza humana trasciende, escapa el alma del cuerpo y cobra entidad propia, independiente. El periodo infantil del hombre quedaba marcado por su cuerpo corrompible, pero ahora ya no tiene límites.


El final, por lo tanto, resulta tan desalentador como esperanzado: la muerte del último homo sapiens que observa la transformación de los antiguos miembros de su raza en energía. Queda al lector posicionarse en el vaso medio lleno o el vaso medio vacío. Sin embargo, la mirada triste de Karellen, el superseñor que organizó el proyecto del despertar humano, al observar la tierra, el final de su labor en el Sistema Solar, y con ello, ser consciente nuevamente de su limitación, conlleva una visión positiva. El hombre, tan débil, tan insignificante, ha conseguido lo que no logra la ciencia de Karellen.


Como apunte final, destaco el dominio de la voz narradora de la información, que, dosificada, aparece en el momento exacto, introduciendo al lector lentamente en la presentación del mundo ficticio de la obra y en el desarrollo de la trama. También se observa intrínsecamente las ideas liberales de Clarke en su denuncia a espectáculos que maltraten animales –las corridas de toros- o preconizando una libertad sexual, sin duda ideas avanzadas para el momento de publicación de la obra, 1953.



Fotos tomadas de:

[www.latimes.com/media/photo/2008-03/36899638.jpg]

[http://agaudi.files.wordpress.com/2009/02/el-fin-de-la-infancia.jpg]


domingo, 12 de abril de 2009

¿CF EN CLAVE DE PARODIA?


Buscando por el magno ciberespacio películas de CF, que luego conseguí por diferentes medios, llegó a mi disco duro un filme: Dark Star (1974), de John Carpenter. Ya sabía, aunque nunca me había dignado a visualizarlas, que sus películas no tienen gran aprecio por su falta de seriedad en el tratamiento de temas fantásticos –véase Fantasmas de Marte (John Carpenter's Ghosts of Mars, 2001) o Vampiros (John Carpenter's Vampires, 1999)-.


Dark Star, en concreto, se trata de su primera película. A modo de sinopsis, una nave espacial, tripulada por cuatro hombres, se dedica a viajar por el espacio para destruir posibles planetas que en el futuro una supernova podría provocar que viajase directo hacia la Tierra e impactase con nuestro planeta.


Fuera del tratamiento psicológico de los personajes, camino de la demencia, inmersos en la rutina y en la oscura soledad del espacio, la película no ofrece mayores alicientes. No critico los medios escasos con los que cuenta, o los escasos efectos visuales con los que cuenta, sino cuestiones como:


a) El extraño animal extraterrestre que no es más que una pelota hinchable con unos guantes haciendo de manos. La secuencia con el espécimen se vuelve excesivamente larga, tedios y casi incomprensible cuando arroja por la pasarela del ascensor a uno de los personajes. Se intenta crear una situación dramática, pero más que a la tensión, mueve al humor absurdo, pues carece de sentido toda la secuencia: ¿Por qué se activa el ascensor cuando está el tripulante en el hueco de la maquinaria? ¿Cómo el ordenador de la nave, sabiendo que está en peligro uno de los tripulantes, no activa un medio de emergencia que detenga el ascensor? Quedan muchos interrogantes sin resolver.


b) la bomba dialoga con la computadora de la nave, incluso se enfada con una pueril rabieta por no cumplir su cometido. Por si eso no fuera poco, al final de la película el protagonista mantiene una larga disquisición filosófica con el arma, sin convencerla, acerca del sentimiento de existencia de una máquina, un discurso que fácilmente podría haber puesto Asimov en boca de uno de sus personajes hablando con un robot, pero que resulta absolutamente inverosímil tratándose de un simple misil con forma de prisma.


Lo que quiero señalar es que con escasos medios se puede crear una película de CF bastante aceptable, como sucede con gran parte del cine del género de los años cincuenta, y especialmente con El planeta prohibido (The Forbiden planet, 1956). La idea es simplemente un guión sólido, y no una idea vagamente diluida en absurdas situaciones como sucede en Dark Star.


Como espectador, si se trata de una sátira, me deja confuso. En algunos aspectos parece acercarse al género con conocimiento de causa, y termina ya con el absurdo del astronauta surfero, que si concluye la parodia que se construye lentamente, pero que se contradice con muchos presupuestos iniciales, los cuales a mi gusto reciben un tratamiento más concienzudo y menos humorístico de lo que debieran.


[Foto proveniente de: http://en.wikipedia.org/wiki/Dark_Star_(film)]

martes, 10 de marzo de 2009

UNA GRAN FAMILIA


Encontrar guiños dentro del mundillo de la CF resulta algo habitual para cualquier aficionado inmerso en el género, en cualquiera de sus modalidades. Es fácil descubrir como unas series remiten a otras, o películas, o libros. Las direcciones son múltiples.


Traigo a colación, verbigracia, el curioso ejemplo de Klaatu Barada Nik To!, las palabras que activan al androide Gort del extraterrestre Klaatu en Ultimátum a la Tierra (The Day the Earth stood still, la versión de 1951, no me he dignado aún a visualizar el remake) y que también son las palabras que el personaje de Bruce Campbell debe recitar para coger el libro del Necronomicón en El ejército de las tinieblas, la tercera parte de la trilogía de cine de terror Evil Dead, de Sam Reimy.


Así, desde la emisión de Star Trek TNG (The Next Generation), resultaba curioso hallar actores, ya sea como colaboradores en un episodio o en papeles secundarios cuyo renombre ha alcanzado cierto standing. Asombra descubrir las dos colaboraciones de James Cromwell (famoso por su papel de granjero en Baby, un cerdito valiente), quien las describió como provechosas y divertidas, tanto en TNG como en DS9 (Deep Space Nine). O también una jovencísima Nikki Cox que frisaría los diez años, interpretando a una extraterrestre, Sarjenka, que se hace amiga del androide Data en un episodio de TNG que ahora no recuerdo.


Por otro lado, otros actores empezaron en TNG y su interpretación ha alcanzado papeles en películas de público más amplio, como el caso de Woopie Goldberg, que representó a la camarera en TNG, o Colm Meaney, que comenzó como segundón en el transportador de la Enterprise y trabajó después en películas como Con Air (19??) o en Layer Cake, crimen organizado (2006), con Daniel Craig.


Al visualizar Stargate, también encontramos numerosas colaboraciones, en especial, de actores de diversas series de Star Trek, en parte intuyo que para captar al público Trikkie, extenso grupo de espectadores fans de este tipo de productos. Probablemente los productores observador las serias deficiencias que la serie poseía, mucho más inverosímil y contradictorio que el universo de Gene Rodemberry, construido con mucho detenimiento y atención, y así pretendieron otorgar a Stargate una mayor fuerza para conseguir cuotas más altas de pantalla. No lo sé, es sólo una hipótesis.


Lo indudable es encontrar a Robert Picardo (El doctor en VOY –Voyager-) como el Sr. Woolsey tanto en Stargate SG-1 como en Stargate Atlantis; a Colm Meaney como líder de la Genei en Stargate Atlantis; o a Connor Trineer como Michael, el espectro medio humano, también en Stargate Atlantis.


La lista no se queda ahí. ¿Qué sucede con en caso de Ben Browder y Claudia Black? Ambos empezaron a despuntar en la CF gracias a sus papeles de, respectivamente, protagonista y coprotagonista en Farscape. Terminada esta serie, reaparecen como protagonistas también en la novena y décima temporada de Stargate SG-1. Cierto es que Claudia Black ya había aparecido como invitada en un episodio de la octava temporada, pero ahora se convierte en permanente, incorporándose como quinto miembro del SG-1.


¿Qué será la siguiente? -me pregunto- ¿Actores de Battlestar Galactica en Stargate Universe? Todo se andará.

jueves, 19 de febrero de 2009

FUTURO IMPERFECTO, de Domingo Santos


Domingo Santos, nacido en 1951 y llamado en realidad Pedro Domingo Mutiñó, es uno de los escritores de CF española más conocidos y aclamados, cuya obra ha sido traducida a diversos idiomas como inglés, francés o italiano. Él constituye una de las piezas fundamentales para entender la denominada década de oro y la entrada de España en el panorama de la CF mundial. La obra que aquí nos atañe, Futuro Imperfecto, apareció en la segunda época de la colección Nebulae, en el número 50, y está formada por una serie de relatos cuyo único aspecto común es el desarrollo de visiones futuristas a partir de algún elemento del presente.

En primer lugar aparece un paratexto, donde se explica, por un lado, el futuro imperfec­to del subjuntivo, un tiempo verbal hoy en desuso y en camino de la desaparición, “que expresa una acción hipotética considerada como no acabada, en el presente o en el futu­ro”. Así, con esa premisa, presenta ya Santos esta colección de relatos, y justifica el título de la obra. El otro paratexto proviene de la obra El mundo de los acusados, de Walter Jens, que presenta un equilibrio climático y la personificación del sol y la luna mirando la insignificancia de la humanidad.

A continuación hay un prólogo donde un historiador, situado en un tiempo futuro al de los relatos que componen el libro, presenta dichos textos en su valor histórico, en los cuales pretende desentrañar la verdad de entre la ficción de los mismos, detalle en el que hace hincapié en varias ocasiones. Así, Santos, a través de esta voz narradora, realiza un examen de lo que quedará del presente mañana, lo que difumina el paso del tiempo, y también una crítica de la metodología historicista actual y la imposibilidad de hallar la Verdad de los hechos sucedidos.

La serie de relatos son de lo más dispar, en gran parte constituyen pequeñas distopías en donde Santos va desarrollando críticas a diversos aspectos de la actualidad. En parte, parece un precedente del cyberpunk que dominaría pocos años después el panorama de la CF, aunque la cuestión tecnológica queda un poco a la zaga en los relatos.

El primero de ellos, ‘Smog’, recoge una visión casi apocalíptica con ciudades repletas de polución y aire contaminado imposible de respirar. El protagonista, que trabaja en medio ambiente, reflexiona en diversas ocasiones sobre los graves problemas pulmonares y la reducción de la esperanza de vida que ello conlleva. En ‘Negocios del corazón’ nos plantea la visita de un enfermo cardíaco a un centro de “reemplazo de órganos”, donde Santos aprovecha para explicar cómo sería el negocio de órganos humanos, con las distintas filosofías y métodos de empresa.

‘Extraño’ es, sin duda alguna, el relato más duro de la obra, su lectura provoca desagrado al presentarnos, sin pudor alguno, a un pobre niño deforme, sin brazos ni piernas e incapaz de pronunciar palabras, cuyos padres detestan hasta el punto de propinarle sucesivas palizas. El niño, ante esta situación de asilamiento e inadaptación, termina por volverse loco y lo ingresan en un manicomio. Cuando escapa del centro, sólo queda una salida. Aquí tenemos dos voces narradoras que se alternan, una es la clásica del narrador omnisciente que aparece en todos los relatos, y la otra es la primera persona, la voz del monstruo, con escasez de signos de puntuación que pretenden yuxtaponer la velocidad con que el cerebro reproduce e interconecta las ideas. Probablemente este último aspecto sea una de los detalles estilísticos más sobresaliente de la obra.

El cuarto relato, ‘El programa’, permite a Santos presentar un violento espectáculo que recuerda a la crudeza del circo romano. Un presidiario es soltado en mitad de una ciudad para ser cazado por miles de perseguidores. Aquí el autor reflexiona sobre la naturaleza violenta del hombre: “[la gente] vio en el Programa un cauce por donde descargar los instintos sanguinarios inherentes al ser humano y un sucedáneo que aboliría las guerras al suprimir su necesidad fundamentalmente morbosa”.

‘Señor, su cuenta no existe’, presenta, con tintes cómicos, la curiosa historia de un hombre cuya cuenta bancaria ha desaparecido del ordenador central y con ella su dinero. Este hecho permite a D. Santos opinar sobre las posibles repercusiones de la informatización de la vida diaria. Cada fragmento del relato viene precedido de eslóganes publicitarios o declaraciones diversas sobre la sustitución del papel-moneda por la tarjeta de crédito. Éste es el relato más cercano a nuestra realidad de los recogidos en la obra.

Por otro lado, ‘Encima de las nubes’, posee dos historias interrelacionadas. La principal relata una reunión de socios de una empresa que pretende sacar al mercado un nuevo combustible cuya fabricación deja una enorme cantidad de residuos. Santos vuelve al tema ecológico, pero lo presenta aquí desde la despiadada visión de los ejecutivos de la empresa que sólo miran por una ganancia económica y una minimización de las pérdidas. La otra historia, más secundaria, tiene por protagonista a un trabajador de una clase media con afán de superación social. Su ascenso laboral y económico se ve acentuado en ese ascenso a las ciudades plataforma que orbitan en la estratosfera.

En “…si mañana hemos de morir” hay un pesimismo latente. En gran medida muchos aspectos proclamados por el autor acerca de la juventud, protagonista de este relato, se han cumplido: el escepticismo, la inmovilidad, el ocio controlado, el afán de velocidad, la rebeldía sin objetivos, etc. Aquí el lenguaje se adecua a la jerga juvenil, lo cual otorga mayor verosimilitud al relato.

Finalmente, el relato más largo de todos, que perfectamente por extensión podría considerarse una novelita o novela breve, titulada “Fábula”, constituye una visión distinta. Esta vez, más que distopía, opta por la utopía y nos presenta una sociedad futura que funciona. El éxito de esta recreación futurista de D. Santos es que esta sociedad no es perfecta y explica las renuncias que ha realizado para alcanzar la estabilidad y el bienestar. Es decir, el sistema es válido, pero no totalmente correcto. El protagonista, como es normal en estas obras, es un outsider que analiza críticamente lo que observa. El final resulta esperable, pues no se podía desarrollar de otra manera. A mi juicio esta pequeña obrita, de la cual muchos más detalles se podrían comentar, es la pequeña joya de este libro.

En general, me impresiona que los personajes femeninos de la obra sean meros clichés, amas de casa ignorantes e impertinentes, mujeres seductoras o empleadas de tareas propiamente femeninas, como la de secretaria. Quizás ello se deba a la educación y modelos vividos por el autor, o a una incapacidad de abordar la psique femenina. Por el contrario, los personajes masculinos si presentan mayor variedad, desde el ingenuo y servil trabajador Olivera de ‘Señor, su cuenta no existe’, hasta el presidiario del ‘programa’ o el ejecutivo sin escrúpulos de ‘Encima de las nubes’.

Pese a todo lo señalado, considero esta obra digna de lectura, en primer lugar por considerarse propiamente escrita en castellano, y no ser una traducción, con lo que se consigue un juego y uso de la lengua propio de un nativo. Además, se trata de uno de los autores más singulares de la CF española, promotor y precedente de la denominada “década de oro”, en cuyos autores se observa una mayor lirismo que en la narrativa de Domingo Santos.

miércoles, 15 de octubre de 2008

EN DEUDA CON LOS CLÁSICOS

Metrópolis, del director alemán Fritz Lang y con guión de su mujer, Thea Von Harbou, se estrenó en 1927. Con cerca de 40.000 extras, esta soberbia creación supone un segundo estadio en el nacimiento del cine de CF, después de los pasos de George Melléis. Pero mayormente, este filme alemán supuso una revolución absoluta de los efectos especiales cinematográficos mostrando una urbe de dimensiones colosales coronada de grandísimo rascacielos, amplias calles saturadas de vehículos y trenes velocísimos surcando los cielos. Un espectáculo visual sin precedentes y sorprende todavía en nuestro tiempo.

Ficha Técnica
Alemania, 1926
Título original: Metropolis
Dirección: Fritz Lang
Guión: Fritz Lang y Thea von Harbou, basado en la novela homónima de Thea von Harbou
Producción: Erich Pommer
Música: Gottfried Huppertz
Fotografía: Karl Freund, Günther Rittau, Walter Ruttmann
Reparto: Alfred Abel (Johhan Fredersen); Gustav Fröhlich (Freder Fredersen); Brigitte Helm (Maria/The Machine Man/Death/The Seven Deadly Sins); Rudolf Klein-Rogge (C.A. Rotwang, der Erfinder); Fritz Rasp (Der Schmale/Slim); Theodor Loos (Josaphat); Erwin Biswanger (Georg - No. 11811); Heinrich George (Grot)
[Sitio de Ciencia Ficción: http://www.ciencia-ficcion.com/pelis/pmetropol.htm]





Argumento. El filme se desarrolla en el año 2026, en una ciudad-estado de enormes proporciones llamada Metrópolis. La sociedad se ha dividido en dos grupos antagónicos y complementarios: una elite de propietarios y pensadores, que viven en la superficie, viendo el mundo desde los grandes rascacielos y paisajes urbanos, y una casta de trabajadores, que viven bajo la ciudad y que trabajan sin cesar para mantener el modo de vida de los de la superficie. […] Éstos últimos, incitados por un robot se rebelan contra la clase intelectual que tiene el poder, amenazando con destruir la ciudad que se encuentra en la superficie. Pero Freder, hijo del dirigente de Metrópolis, con la ayuda de la hermosa María, de origen humilde, intentarán evitar la destrucción apelando a los sentimientos y al amor (Wikipedia, enciclopedia libre).

Se trata de una distopía futurista que recuerda en gran parte al eslabón anterior que H. G. Wells presenta en su novela “La maquina del tiempo” cuando explica el origen de las dos especies: Elois y Morlocks. Aún así, posee diversas interpretaciones políticas que pueden relacionar la película tanto con ideas marxistas (sociedad clasista y lucha de clases sociales), ideas nazis (idéntica estructura económica corporativista que defendía el programa del Partido Nacional-Socialista de los Trabajadores de Alemania, el NSADP), y ciertos tintes del cristianismo como la historia de la torre de Babel que aparece en la mitad del filme. Sin duda, Metrópolis presenta la confrontación entre clases sociales a través de una crítica al capitalismo y a sus consecuencias alienantes.
Aún así, su interpretación queda abierta y la película encuadrada en la denominada CF política. A juicio personal, todo ello me parece un paralelismo de la convulsión de la sociedad alemana de la república de Weimar durante los años veinte.

Bajo el lema final de "Mittler zwischen Hirn und Hand muss das Herz sein" (mediador entre el cerebro y la mano ha de ser el corazón) queda expresado el objetivo último de la película, una apelación al sentimiento amoroso como motor del planeta. Muchas son las cacotopías que en el mundo de la CF terminan por colocar el amor como solución o como motor de cambio de las sociedades frías y enfermas que dibujan, como, por ejemplo, “Nosotros”, de Zamiatin, donde el protagonista se enamora de una disidente, o “Fahrenheit 451”, de Brabury, donde el amor del protagonista por una lectora hará surgir en él sentimiento de aversión por su trabajo y por la vida en la que vive. A veces el amor no consigue solucionar el problema y se presenta una visión tenebrosa y apocalíptica como el caso de “1984”, de Orwell, donde el amor de los protagonistas es totalmente aniquilado mediante agónicas torturas que revuelven el estómago incluso al mismísimo lector de la obra.

Pero más que la historia, hay que resaltar de esta película, como señalé en la introducción, que supone un espectáculo visual sin precedentes y que constituirá la base del cine de CF y de la recreación del futuro por parte de muchos directores y escritores venideros cuya deuda con Lang es elevada. El film recrea espacios agobiantes, máquinas todopoderosas que alienan al hombre, robots de aspecto humaniode, grandes edificios que desafían el cielo, trenes que corren a altas velocidades por carriles construidos a gran altura de la superficie, calles abarrotadas de vehículos, el oscuro y dantesco subsuelo donde habitan los trabajadores, etc. La recreación futurista es, indudablemente, lo más sorprendente, incluso en los tiempo que corren.
Una visión fruto del expresionismo alemán que parece preconizar el aspecto de las urbes de nuestro presente.


A pesar de los problemas iniciales, como el escaso nivel de taquilla, las críticas negativas en la época y cierta desilusión del director con respecto a su propia creación, Metrópolis es considerada a día de hoy película de culto e icono del siglo XX, por lo cual es indispensable su visualización para cualquier fan de la CF o del cine que desee ahondar mínimamente en su hobby.

[Bibliografía digital consultada:

http://es.wikipedia.org/wiki/Metrópolis_(película)

http://www.ciencia-ficcion.com/pelis/pmetropol.htm (También tomadas de aquí las imágenes)

http://www.clarin.com/diario/2008/07/02/um/m-01706863.htm
http://cinematofilos.com.ar/2008/09/el-malo-de-metrpolis.html]

viernes, 29 de agosto de 2008

EL JUEGO DE ENDER

Me vendieron a Orson Scott Card (Richland, Washington, 1951) como un nuevo Asimov con libros de rápida lectura y trama compleja que enganchan de principio a fin. Al final me animé con su obra más conocida: El juego de Ender (Premio Nebula en 1985 y Hugo en 1986). Pese a las adversidades de una detestable traducción, puedo decir que el juicio no queda desencaminado con la realidad.


A modo de sinopsis, Ender es un niño superdotado que una especie de gobierno mundial requiere para salvar a la humanidad. Es el tercer hijo en una sociedad donde existe un férreo control de la natalidad, y posee un hermano mayor demenciado. Ante esta situación Card genera toda una compleja trama donde cada capítulo es una pequeña historia –se estructura la novela con breves historias individuales interrelacionadas por la figura del protagonista- y en los cuales el autor nos dosifica lentamente la información hasta que al final cuajen todas las piezas. Asistimos a la progresión del protagonista que es instruido para convertirse en un líder militar, el adalid de la humanidad frente a la amenaza de una sociedad de insectos.


No es la primera vez que me hallo ante una obra de CF que desarrolla una sociedad conformada por insectos. La idea del desarrollo de la inteligencia por parte de insectos con una especie de mente colmena se puede remontar en la historia del género. Encontramos casos como los bichos de la obra Starship Troopers (brigadas del espacio), de Robert A. Heinlein, o incluso la raza alienígena de los Borg, en Star Trek. Lo que sí me ha alegrado y no negaré este éxito en O. S. Card es el paso que da en el desarrollo de la mente colmena. Los insectores no tienen lenguaje y se provoca un enorme error de comunicación en todo momento entre seres humanos e insectos que conlleva tres cruentas guerras. Nuevamente se presenta la incomunicación como síntoma de la ignorancia del ser humano sobre el inmenso universo.


Respecto a la organización del gobierno sobre la tierra, el autor presenta una escasa visión de futuro. Aunque esté escrito en a principios de los ochenta, es difícil imaginar que no previera el fin de la URSS y que, además, presente una hegemonía comunista en la vieja Europa. Esa parte me costó asimilarla, y más desde una óptica presente. Por otro lado, también éste es un detalle a enmarcar en la CF, y sin remontarse a muchos clásicos, aquí en España ya encontramos numerosos autores que plantean la disyuntiva capitalis­mo/comunismo como dos bloques antagónicos siempre en conflicto.


Fuera de aspectos referentes al contenido, hay que admitir que el autor es un experto en el trato psicológico de los personajes. Además, resulta anodino el ambiente que genera al tratar los juegos de guerra en los que Ender participa, de una descripción sublime, verosímil que casi lleva al lector a flotar el también en la ingravidez de la sala de batalla. Y por si fuera poco, es ésta una novela pionera en el tratamiento de la realidad virtual.


En definitiva, coincido con cientos de opiniones que preceden a la mía y otras tantas que vendrán que este prolífico autor estadounidense de pluma hábil, narración sencilla y llevadera y trama envolvente puede considerarse, pese a la cercanía del tiempo, como un clásico del género y su obra El juego de Ender como una lectura aconsejada, en especial para lectores iniciados en la CF.


[Fotos tomadas de:

http://www.alohacriticon.com/viajeliterario/article1183.html

y http://psychocorp.net/criticorum/book/el_juego_de_ender/162/]